El mundo promete paz pero la quita fácilmente. La paz de la que habla la Biblia no viene de las circunstancias, sino de una relación. Descubre la verdadera paz que fluye de estar en paz con Dios.
Una paz que el mundo no puede dar
En Juan 14:27, Jesús dice: La paz os dejo, mi paz os doy. Y añade: yo no os la doy como el mundo la da. La paz del mundo viene con condiciones: cuando se resuelven los problemas, cuando las cosas mejoran. Pero la paz de Jesús se da aun en medio de la tormenta.
Una paz que sobrepasa todo entendimiento
Filipenses 4:7 habla de la promesa que sigue a la oración: la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Nota que la paz guarda el corazón. La paz no es solo un sentimiento; es un poder que vela por nosotros.
La paz que nace de la confianza
Isaías 26:3 aclara la condición de la paz: tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado. La paz es el fruto de la confianza. La paz crece en la medida en que confiamos en Dios. Colosenses 3:15 nos exhorta a que la paz de Cristo gobierne nuestros corazones. Al tomar decisiones, deja que la paz sea el árbitro.
La raíz de la paz
Romanos 5:1 muestra la raíz de toda paz: justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios. Cuando nuestra relación con Dios se restaura, la paz del corazón sigue como su fruto. Como en la antigua bendición de Números 6:26, que el Señor alce su rostro sobre ti y te dé paz.
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