El perdón es difícil de recibir y difícil de dar. Sin embargo, la Biblia lo presenta no como una opción, sino como el camino de la vida. Aquí hay versículos para corazones cargados de culpa y corazones heridos por otros.
La certeza de ser perdonado
1 Juan 1:9 es la promesa más segura del perdón: si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. Confesar no es poner excusas, sino decir las cosas como son. Ese paso abre la puerta del perdón. El Salmo 103:12 canta su plenitud: cuanto está lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestros pecados.
El mandato de perdonar
Efesios 4:32 aclara la base: perdonaos unos a otros, como Dios os perdonó en Cristo. Perdonamos no porque el otro lo merezca, sino porque primero fuimos perdonados. En Mateo 6:14, Jesús dice que si perdonamos a otros, nuestro Padre celestial también nos perdonará. Perdonar es como destapar una tubería obstruida.
Un estilo de vida en comunidad
Colosenses 3:13 nos exhorta a soportarnos y perdonarnos unos a otros. El perdón no es un sentimiento de una sola vez, sino una forma de convivir. Como las heridas no terminan de una vez, el perdón a veces es una decisión que debemos repetir.
La cima más alta del perdón
En Lucas 23:34, Jesús ora por quienes lo crucifican: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Ante este versículo, comprendemos cuán pequeña es nuestra negativa a perdonar.
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